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jueves, mayo 04, 2006

¡Que mañana...!

¡Que mañana esta mañana!

Esta mañana me lebante a las 9am, con un humor regular O,o si aunque va para abajo, el dia de ayer fue largo, muyyy largo, mas de lo que esperaba.
No termino muy bien que digamos, pues tenia una de mis niñas (la mas pequeña) enferma, de hecho esta en cama con anginas :'(
La pobresita tiene dolor de garganta y esta con fiebre.
Aunque me alegro de que esta mañana me llamo mi hermano para darme algunas buenas noticias, aunque no son tan buenas hasta que no se hagan realidad u,u, pero como hay que verle el lado positivo a todo, ya veremos que nos deparara el futuro.
No estoy de humor como para escribir algo muy profundo o llamativo, asi que lo hare simple ¬.¬ publicare un viejo cuento que consta de 5 capitulos y aqui les dejo la primera entrada.
Por cierto quiero agradecer el post del Hobbit ^^, ¿Como no hablarìa del tema posteado en tu blog? Si fue interesante.

Capitulo 1

“Qué ridículo y qué extraño es aquel que se asombra de lo que ocurre en la vida…”

Arrastrando mi gastado saco de huesos, caminaba lenta y pesadamente a través del bosque. Apenas podía mantenerme en pie, era por el cansancio.

-¡No! ¿A quien intento engañar? Es por la borrachera- masculle con enfado y tire un golpe al aire.

Girando sobre mis talones caí en redondo al suelo, y allí me quede, desparramado sobre mis espaldas con la vista fija en el cielo.

Justo sobre mi, un pequeño claro se habría entre el follaje de los árboles, dándome una esplendida vista de la luna, quien en su excelencia brillaba señorial.

Este no era uno de mis mejores días, a decir verdad nunca lo eran.

No había vuelto a tener un buen día desde mi niñez y de ello ¿hacían cuanto?

Llevando la mano a las sienes intente forzarme a recordar, hacían ya veinte…no treinta… ¿O cincuenta? Era inútil, mi mente estaba embotada por el alcohol.

Pero había sido tan dulce, tan suave y embriagadora aquella bebida, que no pude detenerme sino hasta acabar la botella.

Cerrando los ojos y elevando la barbilla al cielo me excusé -¿De que me quejo? Si lo merecía-

¡Y por supuesto que lo merecía!

¡Oh si! Tras actuar como fenómeno en la feria, haber vestido aquel ridículo traje verde oscuro y soportando sus estúpidas miradas, por horas esbozando un estúpido gesto alegre y en postura señorial.

Claro que lo merecía, a decir verdad mucho más que aquellas miserables monedas merecía.

Pero no había sido buena idea pelear con Ariel, por una moneda más, ahora que lo pensaba me pregunte con incertidumbre -¿Qué habrá sucedido después de mi huída?-

Tras aquella acalorada discusión, había salido como tromba furiosa de la tienda de aquella vieja bruja y no había volteado sino hasta que se oyó tras de mi el grito de Adora.

Desde mi lugar vi a tres hombres de la feria entrar en la tienda, al acercarme para ver lo que sucedía, con asombro vi el cuerpo de Ariel tumbado en el suelo.

Del medio de su pecho asomaba la empuñadura de una daga, finamente labrada en oro, y todo a su alrededor se comenzaba a formar un charco de sangre.

¡Ja! Que ironía pensé en ese momento. La vieja bruja había sido muerta, incluso por una costosa arma. Codiciosa hasta en la muerte.

Pero la sonrisa se borro de mi rostro cuando Adora me señalo como el perpetrador.

-¡Fue él!- grito la joven gitana -¡Fue él! ¡Yo los oí discutir y dijo que la mataría!-

Desesperado, en ese momento, eche a correr con todas las fuerzas que fui capaz.

Escabulléndome por los oscuros rincones del pueblo, me oculte hasta salir de aquel pandemonio en el que se había convertido.

No bien me halle a salvo, comencé a reír nerviosamente, no había huido con las manos vacías. Como si fuese un verdadero criminal, antes de escapar, había cargado conmigo el primer saco que halle a mano.

Nuevamente irónico, en el habían cuatro botellas del más fino licor, una onza de pan y media horma de queso.

Ni para ladrón servía, aunque al menos allí tenía para saciar mi vacío estomago.

El alimento lo devoré en cuestión de minutos y el licor lo racioné por dos días, eso era un gran esfuerzo ¡Y si que lo era! Con lo que amaba la buena bebida, fue casi una tortura cargar aquel delicioso brebaje sobre mi hombro, sin bebérmelo todo de un trago.

Pero bien, el autocontrol no duró demasiado, esta noche como buen fracaso que soy, perdí el control y me lo bebí. No deje una gota, ni rastro del contenido de las botellas quedó.

Ahora lo lamento, ya que no tengo idea de en que lugar me encuentro; más que el claro indicio de que estoy en un bosque infestado de lobos y molestas aves chirriantes y cantantes.

¡Maldición como quisiera que se callaran de una buena vez y así podría dormir!

Volteando de lado me acomodé, en ese momento oí el crujir de algo bajo mi espalda y recién allí di cuenta de lo que causaba mi incomodidad.

¡El maldito carcaj! Aun lo llevaba colgado a mi espalda, casi a punto de caer asomaban tres flechas, las cuales parecían de fina punta y confección, aunque no eran más que madera adornada. Si quisiera lanzar una, de seguro no atravesaría ni el aire.

-¿Y el arco?- ladeando la cabeza busque en los alrededores. Allí estaba lo había dejado caer a pocos metros. Sus piedrecillas verdes y azules destellaban casi mágicas, cuando de a ratos los plateados rayos de luna las iluminaban.

Hipnotizado por aquel destello, me quede viéndolo por largo rato, no se si fue por un minuto, tal vez pasaron horas, pero no podía dejar de verlo. De pronto los parpados me comenzaron a pesar y el sopor del sueño me abrazó, lentamente sentía como me rendía al cansancio.

La muerte susurre, como deseaba la muerte ¿Será este el momento? Casi al instante supe que no lo sería, pero intente forzarme a creer que si y caí dormido.

Un fuerte alarido me arrancó del sueño.-¡Diablos!- maldije por lo bajo y me acurruque intentando no despertar.

Como si los dioses me castigaran por mi blasfemia un ensordecedor trueno resonó en el bosque y seguido de ello un enorme destello blanco.

Pesadamente me incorpore, frotando con el canto de la mano un ojo. En ese momento un enorme mareo me invadió y el bosque dio un fuerte giro a mí alrededor. La cabeza me parecía estallar y sentía el corazón latirme en el cerebro.

Nuevamente y como castigo, atronó con fuerza el cielo y me obligó a, patéticamente y con un esfuerzo descomunal, ponerme de pie. En se momento lo oí nuevamente, pero esta vez sonó apagado.

Pestañando confuso afine mi oído, lo único bueno que mi cuerpo aun tenía, e intenté buscar el origen.

Más solo oí a tres personas, hombres aparentemente. Meneando la cabeza camine hasta donde yacía el arco y lo tome, era inútil para cazar pero al menos por su belleza algo me darían en el poblado más cercano. Al incorporarme y tras otra vuelta del bosque descubrí que había alguien más, por los gemidos y protestas ahogadas no parecía a gusto con la situación.

No estaban muy lejos de mí, pensé, más luego me dije que no era mi asunto y comencé a caminar.

Mientras caminaba me justifiqué –Además ¿Qué podría hacer? Ellos eran tres y yo solo un borracho desgarbado- pero su victima parecía haberse enlazado a mi oído y sus quejidos no abandonaban mi mente.

Inconscientemente camine hacía donde ellos se encontraban y tras dos o tres minutos los distinguí borrosamente en la lejanía. Lenta y cuidadosamente me acerqué.

Efectivamente, eran tres hombres. En el suelo y entre los tres sujetaban a una mujer, la cual se retorcía como un gato apresado.

Al ver hacia un lado, descubrí que una joven de cabellos castaños se hallaba atada y amordazada al tronco de un árbol.

Ella era quien gemía suplicando ayuda. El cuadro era repugnante, los tres bandidos forcejeaban por sostener y a la vez despojar de sus ropas a la pobre mujer.

-No es mi asunto- volví a repetirme y voltee para tomar otro camino.

El sonido de un bofetón resonó en todo el lugar.

-¡Maldita perra!- exclamó uno de los rufianes -¡La muy zorra me mordió!-

Ese último comentario me hizo girar en redondo, era la gota que rebalsaba el vaso. Fuera de mi, corrí hacía ellos gritando -¡Soltadla!- y empuñe, en una de mis mejores actuaciones el arco, tomando a la vez amenazadoramente una flecha del carcaj.

Dos de los sujetos se pusieron de pie en un salto y me vieron fijamente, mis fachas no eran mejores que las de ellos, pero a decir verdad se veían como harapientos repugnantes.

El más bajo y regordete se adelanto exhibiendo un cuchillo de mano, algo viejo y gastado –¡Tu no te metas, mejor sigue tu camino si no quieres que te rebane…!-

Antes de que dijese media palabra más, mis manos reaccionaron solas. Tensando la flecha al cordel amenace, pero no fue solo una amenaza, los pesos de la flecha se quebraron y estúpidamente se me escapó, saliendo disparada directo a la cabeza del sujeto, clavándose de lleno en un ojo.

El hombre cayó sobre sus espaldas, muerto al instante.

Sus compañeros bramando de ira se abalanzaron sobre mí. Con dificultad gire levemente y me encorve hacia el frente para resistir la primera embestida, inmediatamente que me embistió tome al sujeto por las axilas tirándolo hacia un lado.

Pero mi maravillosa y valiente actuación duro tan solo un instante, ya a causa del alcohol, los reflejos me fallaron y no conseguí esquivar al segundo sujeto, quien con excito clavo su puñal en mi costado.

Tomándome la herida retrocedí tambaleante, ambos ya se hallaban de pie y se me acercaban nuevamente. Precariamente esquive los dos primeros ataques, pero caí de espaldas y uno de ellos se lanzo sobre mi.

Ambos rodamos por el suelo, quedando él sobre mí. El sujeto aferro sus manos con fuerza a mi cuello, cortándome la respiración.

Es el día pensé, casi con alegría, es el día en que la muerte me llegará. Segundos después supe que no sería así, mi cuerpo lucho por un segundo más y mi mano al tanteo descubrió una roca de tamaño considerable. Aferrándola con fuerza entre mis dedos, la levante y golpee la cabeza de mi atacante.

Este cayó de lado con la cabeza rota y un chorro de sangre brotó acompañando su caída.

Para ese instante me puse nuevamente en pie, furioso. Ya que hoy no era mi día, lo sería para esos bastardos.

Busque con la mirada al último de los bandidos, ya no estaba, había escapado. Al dar la vuelta para comprobar como se hallaban las mujeres lo halle.

El me estaba por atacar a traición, pero mis manos sujetaron la hoja de su cuchillo, bañando su filo con mi sangre.

-¡Hoy no es el día!- le grite como un sin razón y le arrebaté el cuchillo de un tirón.

El sujetó retrocedió con cara de espanto, tartamudeando algo incoherente.

-…e…e…e…eres…eres…¡Tu no…tu no existes!- gritó y se echó a correr despavorido.

Un sordo sonido cortó el viento y algo fugaz rozo mi oído antes de clavarse de lleno en la espalda del prófugo. Era una flecha.

Al voltear, la mujer que habían intentado violar, se hallaba de pie unos metros detrás y aun apuntaba con el arco en mi dirección.

El hombro derecho de su vestido colgaba destrozado y de su labio caía un leve rastro de sangre. Tenía su rubio cabello enmarañado y el pómulo amoratado. Pero sus grises ojos exhibían una gélida mirada, aunque un sendero de lágrimas caía a la vez de ellos.

Lentamente caminé hacia ella, con la mano extendida, pidiendo el arco.

-¡No te acerques!- exigió con firmeza y del carcaj que había colgado de su hombro izquierdo, tomo una flecha que tenso con habilidad en el cordel.

Al ver la flecha comprobé que no eran mis falsas flechas, sino fuertes y verdaderas con punta de acero.

Levantando ambas manos deje caer el cuchillo –No temas, no les haré daño- pero al hacerlo el dolor me doblo, en el calor de la batalla había olvidado que me habían herido con profundidad en el costado.

Mi brusco gesto debió asustarla, por que ella disparo su flecha clavándola de lleno en mi brazo y de no haberme en ese instante doblado, protegiendo el pecho, lo hubiera hecho en mi corazón.

Soltando un ahogado gemido caí de rodillas al suelo, con la vista fija en la mujer protesté -¡Con un demonio, esto es lo que me merezco por ayudar!- y tras soltar un gemido, arranque de cuajo la flecha de mi brazo y la tiré a un lado.

No sabiendo si era a causa de la perdida de sangre o tal vez la borrachera, que aun persistía, mi vista se nublo y tras el sonido de otro tueno caí rendido.


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