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sábado, mayo 24, 2008

Y todo por un gato




Juas si les cuento lo que me paso ayer no me lo van a creer.
Como ya sabrán estoy en medio de una mudanza, lo que significa, todo en cajas y la casa revuelta, la mitad acá y la otra mitad allá.
En fin con el revuelo de cosas y demás mi gato, manchita, se escapo de casa.
Les cuento primero que este gatito tiene ya casi 10 años y un historial con la familia, lo vimos nacer y lo criamos con todo el amor que es posible darle a una mascota, lo que lo convirtió en un miembro muy importante de la familia y también muy querido.
Bueno la cuestión es que anoche, mientras acostaba a mi hija la mas chiquita (justo la que tiene la misma edad que el gato) Ella lloraba desconsoladamente por que hacía ya más de una semana que buscábamos al gato y no lo encontrábamos. Yo hice lo que cualquier madre haría, le asegure que íbamos a encontrarlo y que se quedase tranquila, le di besotes y mimos hasta que se durmió.
Mas tarde y luego de un cafecito nocturno, mí marido me dice -¿Che no queras salir un ratito? Podemos ir a lo de jorge- (un pub que queda a 1 cuadra de casa y que es atendido por un querido amigo de mi marido)
Yo miro la hora y carraspeando le digo -Bueno, pero un ratito nomas que me tengo que levantar temprano-
-Ok- me contesta y tras agarrar un abrigo, las llaves y el celu salimos.
Mientras caminábamos yo seguía pensando en el maldito gato y mi beba llorando ¡Y ahí ocurrió!
A lo lejos y sin saber de dónde escucho "miau, miau" empiezo a buscar con la vista por todos lados, imaginen tantos años con el gato le conozco el maullido de memoria.
-Ese es manchita- le digo a mi marido, que me miraba como si me hubiera vuelto loca.
-No que va a ser-
-te digo que si, escucha- vuelvo a protestar y me cuzo la calle sin siquiera mirar.
Justo en la vereda de enfrente, hay un caserón de esos que solo aparecen en películas y detrás de la reja veo al condenado gato, que al verme comienza a gritar más fuerte.
-¡Viste que te dije!- le señalo a mi marido.
Ahí comencé a llamarlo hacerle monerías, pero el gato no sale, solo grita y me mira como si estuviera asustado.
Yo me desespero mas y comienzo a mirar la casa dando saltitos para ver por sobre la reja y veo luz en una de las habitaciones y gente que se mueve dentro.
-Yo voy a tocar el timbre- le digo a mi marido.
-¿Estas loca son las 2 de la mañana?- me dice.
Lo pienso unos segundos y solo me viene a la mente mi beba llorando por el gato y el maldito gato que sigue maullando.
Ring toco el portero y espero, tras dos ring mas atiendo un señor -¿Si que necesitan?-
Yo con toda la diplomacia del mundo y algo de vergüenza le digo -Mire disculpe, yo soy la vecina de la esquina, recién paso y veo que mi gato se metió en su parque. Sé que le parecerá estúpido, pero llevo casi dos semanas buscándolo ¿Podría pasar a buscarlo a la mañana?-
-¿Que gato?- me contesta el hombre, con tono de y a mí que mierda me importa.
-Es un gatito negro y blanco que esta acá en el frente de su parque, es un poco viejo así que seguro no puede salir, tiene diez años- le vuelvo a explicar con mucho amor y mas vergüenza.
-¡Mañana no creo que este el gato!- me contesta en un grito y amenaza -¡Y mejor vallase ya por que llame a la policía!- ahí cuelga
-Mierda- protesto para mí ¿Por que tenía que reaccionar así, si solo le pedí pasar al día siguiente por el condenado gato?
Mi marido ahora chinchudo el por la mala respuesta y disposición del vecino, agarra el celu y llama al 911 para explicar lo que sucedía y ya que venía un patrullero, bueno lo esperamos y recupero al gato.
En el 911 le dicen que no llamaron desde esa dirección, entonces es él quien pide que venga un móvil.
Tras casi una hora de espera en la calle, llega el patrullero.
Baja una oficial muy simpática y un oficial hombre y tocan el timbre al vecino, que ahí salió bastante enojado.
Abre la puerta y me dice -pasa y agarra a tu maldito gato.-
>,< El pobre manchi se asusta y corre a un rincón, cuando lo agarro estaba todo bien, pero por alguna razón, cuando paso junto al vecino el gato se pone como loco, me araña se escapa y sale corriendo para mi casa.

-¿Es suyo el gato señora?- me pregunta el oficial.

Yo toda roja de vergüenza salgo a correr al gato y cuando lo veo en la puerta de casa entro y le abro, fue derechito a la habitación de la nena.

Cuando salgo el vecino seguía discutiendo con mi marido, porque claro estaba molesto porque le toque el timbre a las 2 de la mañana y tras una discusión larga, decidimos dejarlo hablando solo y los oficiales no paraban de reírse, supongo que les quedara para el repertorio de anécdotas Juas, pero yo sigo contenta por que recupere mi gato y la nena ya no llora ;)

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