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lunes, abril 23, 2007

Feliz cumpleaños a mi




Uff son las 2 y 10 de la madrugada del 23, empieza mi dia ^^, siiii mi cumple, dulces 27, un año más experta, más viva y mas feliz!!!!!
Si tambien más vieja, ese es el punto XDDDDD.
Anoche me pase la madrugada escribiendo, huy le di duro hasta entrada la mañana, como de costumbre me fui a dormir, pues el domingo es mi dia sagrado de descanso, mi cuchi se ocupo al medio dia de las bebas y me dejo dormir hasta tarde.
Luego me fui a hacer las compras, en medio me traje un echart privado torrontes para celebrar ^^ con mi cuchi (eso si cuando se avive o se acuerde de la fecha, es muy olvidadizo)
bien espero recibir muchos saludos asi que me ya los dejo y me voy a dormir ^^



Capitulo 2


Ya había transcurrido casi una semana de su llegada al castillo y no había tenido noticias de Angelines. Por mucho que intento no logro contactarse con nadie que supiera de ella, de modo que como había pedido sus vacaciones completas tenía aun dos meses para hallarla y convencerla.
Por lo que había hablado con la señora Gilberty, Angelines estaba muy entusiasmada con desenmarañar el misterio del fantasma, según había citado, ella aseguraba que podía hallar la forma de liberarlo y de deshacerse del demonio.
Marian pensó en invitar a alguno de sus amigos o amigas al castillo para tener compañía, pero todos eran adictos a sus ordenadores, por lo que muy bien sabía que ninguno estaría dispuesto a viajar a la edad de piedra para hacerle compañía.
Tres días más tarde, Marian recibió una carta de Angelines, esta provenía de Aräk. Un lugar situado al oeste de Asia, más específicamente en Irán, la carta era corta y concisa


Marian:
Estoy bien, en unos días estaré de regreso. Viaje con Kodama y Delar en busca de la antigua Sumer. Por favor no dejes el castillo y cuídate mucho. Por nada frecuentes el bosque en las noches y no entres en el ala este.
Sobre el escritorio te deje algo para leer, espero que te agrade, esta relacionado con la historia del castillo.
El texto está escrito en celta, entre mis cosas hallaras un diccionario y algunas notas que te ayudarán con la traducción.

Cariños Angelines

Luego de guardar la carta, Marian soltó un prolongado suspiro. Esto era demasiado, Angelines había ido muy lejos con toda esta locura. Ahora había salido en busca de una antigua ciudad sumeria. Cuando regresase tendrían una charla muy seria al respecto.
La señora Gilberty se había marchado con Philip al pueblo, para surtir las alacenas y Marian no tenía nada que hacer, por lo que subió a su cuarto a tomar una siesta. Aun continuaba con el sueño cambiado, durante el día estaba somnolienta y por la noche no conseguía dormir.
Al entrar dio un vistazo al escritorio y contemplo el viejo libro que yacía sobre él. Este era un diario muy antiguo, escrito con tinta oscura, las hojas eran muy gruesas y toscas, lo que databa la antigüedad del diario, el cual no estaba fechado.
El lenguaje era totalmente desconocido para ella y ni loca se pondría a estudiar celta para darle el gusto a su hermana, por lo que lo dejo nuevamente. Al cerrarlo abrió uno de los cajones, allí había varios papeles con anotaciones, todas de Angelines y entre los papeles una nota dirigida a Marian, con una breve explicación de cómo traducir el diario en conjunto con el diccionario.
-Demasiado para mí- murmuro ella y lo dejo en el cajón. Luego se quito los zapatos y los jeans. Se colocó el camisón de brucelinas y se recostó tapándose tan solo con la sabana, el fuego de la chimenea era tan fuerte que la habitación hervía, muy a pesar del frío que hacía en el exterior.
Horas más tarde Marian despertó súbitamente con el sonido de una duela floja en el piso. Frotándose los ojos busco con la vista empañada, entre la oscuridad de la habitación y alcanzó a ver una hendija de la puerta cerrarse, de seguro era la señora Gilberty que acababa de llegar.
La noche ya había caído y el fuego de la chimenea estaba prácticamente consumido, la habitación se hallaba en penumbras.
Perezosamente se levanto, se colocó la bata y al tanteo busco sus pantuflas. Luego salió del cuarto. Al llegar a la cocina todo estaba cuidadosamente acomodado y silencioso. El sonido del viejo reloj de péndulo, le dio la hora exacta, era media noche.
Seguramente la señora Gilberty no había querido despertarla y fue a comprobar que estuviese bien antes de acostarse, por lo que decidió no molestarla.
En el refrigerador encontró Jamón salado y de la alacena tomo un poco de pan, con lo que se preparo un emparedado. Tomo una botella de vino y se dirigió al jardín de invierno con su cena.
Al pasar junto a la repisa del vestíbulo, vio que la batería de su ordenador portátil estaba cargada, acomodándola bajo el brazo la llevó consigo. Al menos por unas horas entretendría su mente con algo útil.
Ella tomo asiento en la mecedora y se sirvió una copa al tiempo que encendía el ordenador.
Tres horas más tarde, ocurrió lo inevitable, la endemoniada máquina comenzó a chillar advirtiendo que el nivel de la batería estaba muy bajo. La apagó y la cerró refunfuñando.
Finalmente la dejó a un lado y aplasto la braza del cigarrillo que se consumía casi llegando al filtro, en un ornamentado cenicero de plata. Mientras observaba el jardín se sirvió otra copa de vino. Una pequeña luz a lo lejos llamó su atención.
Inicialmente pensó que podría ser el reflejo de su vela en el cristal, pero al ver que esta se movía lentamente comprobó que no era así.
Un escalofrío recorrió su espalda al recordar aquel día en que llegó al castillo, el hombre que la había ayudado llevaba una vieja lámpara de aceite -¿Será realmente el fantasma?- se pregunto, luego meneo la cabeza riendo, como podía estar pensando semejantes pavadas
–Ya estoy pensando como Angelines, De hecho de ser un fantasma, no creo que necesite una lámpara para ver en la oscuridad- opinó –Además era demasiado apuesto para ser un fantasma- rió
Tomando su cabello, lo elevó y acomodó la bincha que lo sujetaba. Ajusto el cinturón de su bata y corrió una de las hojas del ventanal que daba al jardín, estaba dispuesta a descubrir de donde provenía esa luz.
A paso ligero atravesó el jardín, siguiendo el mortecino resplandor de la luz que se alejaba en torno a la muralla. De pronto esta desapareció.
Marian corrió a toda velocidad, pero al llegar al lugar no había nada ni nadie. Desconcertada recorrió con la vista los alrededores en busca de la luz, sin hallarla. Frunciendo el seño se rasco la barbilla pensativa
-¿Qué camino podía haber tomado aquella persona para escapar?- Pero por mucho que buco no hallo lugar.
-¡Esto no es imposible!- exclamó –¡Los fantasmas y espectros no existen y las personas no se desvanecen en la oscuridad, tiene que estar por algún lugar!- pero la muralla era demasiado alta como para poder treparla y aun así ella tenía que haberlo visto.
Sin querer darse por vencida dio vueltas por todo el jardín y recorrió minuciosamente cada rincón en donde alguien se pudiese ocultar. Finalmente y cuando el frío ya le había carcomido los huesos decidió regresar. Al llegar al jardín de invierno, ella había olvidado cerrar el ventanal y el lugar estaba congelado. Por lo que se dirigió de inmediato a su habitación.
Allí el fuego crepitaba casi extinguiéndose, pero el calor aun permanecía, luego de agregar un poco de carbón al fuego se sacudió el tizne de las manos y se sumergió entre las colchas.
Luego de pensar y buscar mil respuestas al asunto, sin hallarlas, su mente estaba tan revuelta como cansada. Reposando su cabeza en la almohada cerró los ojos.
Un murmullo muy bajo y constante llamó su atención, al retirar la cabeza de la almohada una fugaz figura desapareció desvaneciéndose en la oscuridad y una ráfaga de viento recorrió la habitación. Marian se puso de pie de inmediato y corrió en torno al ventanal que comunicaba con el balcón, pero no había nadie allí.
Indiferente murmuro –Debe haber sido el viento- aunque era extraño por que no recordaba haber dejado el ventanal entre abierto, pero tal vez lo hubiese hecho la señora Gilberty, para airear un poco el cuarto.
Un escalofrío le recorrió el cuerpo, ella no era supersticiosa, pero tanto pensar en ese asunto comenzaba a producirle un cierto temor.
Rápidamente cerró el ventanal y se recostó nuevamente, casi de inmediato se quedo dormida.
Mientras dormía tuvo un extraño sueño, en él ella estaba en un bosque caminando y encontraba un bello estanque oculto.
Por la mañana se levanto con ánimos renovados, el día parecía que sería menos fresco que el anterior y una suave brisa casi primaveral recorría el balcón. Tomando asiento en una de las sillas de hierro, disfruto del suave aroma de los álamos que se hallaban en el jardín, era relajante y casi comenzaba a quedarse dormida cuando la señora Gilberty entro en la habitación, llevándole el desayuno.
La bandeja de plata contenía los manjares que Marian necesitaba y su estomago reclamaba casi a gritos. Una humeante taza de café, algunas tostadas, mantequilla y jalea de cerezas, un gran vaso de jugo de frutas y coronando la presentación una hermosa rosa blanca en un delicado florero de cristal labrado.
Cuidadosamente la señora Gilberty colocó un mantel blanco, con finos bordados, en la mesita del balcón y sirvió el desayuno en silencio. Cuando termino pregunto casi en un murmullo –¿Descanso bien anoche? Nos retrasamos un poco en la abadía, ya que fui a saludar a mi hermano que es diacono y como llevábamos tiempo sin vernos se nos paso el tiempo volando. Espero no se moleste conmigo, no quise despertarla, se que hacía varias noches que no conseguía dormir y la vi tan placidamente dormida que me pareció inoportuno.
Ah, por cierto no pude conseguirle la marca de cigarrillos que me pidió, pero mi sobrino Philip, quien también debo reconocer tiene el mismo vicio, me recomendó que le trajese estos que son muy similares, espero que le agraden- indicó la anciana entregándole un cartón que contenía diez paquetes de cigarrillos.
Ella los tomo con un gesto indiferente -No se preocupe, da igual- opino dejando sobre la mesa el cartón –Después de todo es un maldito vicio- rió y recordando lo que había visto pregunto -¿Dígame, Philip se quedó con usted? ¿O se marchó en la noche?-
-No señorita, no hay nada que lograse que ese joven se quedase en este lugar y menos por la noche. El se quedo en el pueblo y mi hermano me acompaño hasta el pórtico de entrada, luego se marchó. No quisiera sonar atrevida, pero me gustaría que lo conociera ¿Es usted religiosa?-
Esbozando una incomoda sonrisa Marian asintió –Un poco, a decir verdad desde la muerte de mis padres no he concurrido a una iglesia o hablado con un sacerdote. Pero no me molestaría conocerlo, dígale que venga cuando quiera-
Saltando de alegría la mujer indicó –Bien, la próxima vez que lo vea lo invitare- luego se marchó.
Marian terminó su desayuno y viendo en torno al azulino cielo, esbozó una sonrisa, el día perecía aventurarse caluroso y eso le daba buenos ánimos, dado que sabiendo que en la fecha en la que había viajado se encontraría con el duro invierno Francés.
Busco entre sus ropas y halló lo que buscaba, ella había empacado algunas ropas holgadas y frescas por si el calor se presentaba de sorpresa.
Una fina falda de bambula blanca y una musculosa corta eran el atuendo más apropiado para el clima cálido que este día tenía. Ella tomo sus sandalias doradas y salió casi de inmediato hacía el jardín trasero, iba en busca de respuestas.

La señora Gilberty la observaba desde el jardín de invierno, muy intrigada, mientras regaba las plantas.
Marian caminaba en círculos observando el suelo y la muralla, como si fuese un atento sabueso en busca de una presa
-¿Qué buscará esa joven, ahora?- se pregunto la anciana y encogiéndose de hombros se marchó a la cocina.
Marian buscó sin hallar la más mínima pista, no había escondite alguno donde el misterioso visitante nocturno se hubiese podido poner a resguardo, casi con enfado exclamó -¡Tiene que haberlo!- cuando noto una pequeñez que antes había pasado por alto.
Junto a la muralla la grava esta aplastada, como si algo pesado se hubiese posado allí. Frunciendo el seño la observó y siguió el sendero, era muy sutil y fino, pero se extendía frente y casi por debajo del muro. Rápidamente dirigió su mirada hacia el muro y noto que la enredadera que colgaba en uno de los lados estaba cortada, bruscamente comenzó a arrancarla limpiando el lugar y descubrió una fina hendija y una palanca de madera se asomaba casi oculta al otro lado. Era una puerta trampa.
-¡Te tengo!- exclamó con entusiasmo y jaló de la palanca, pero la puerta no se abrió, con todas sus fuerzas comenzó a empujarla y esta cedió un poco, pero no se abrió –No será tan sencillo verdad- murmuro para si –Pero de todos modos ya descubrí el truco- riendo se dijo –No desapareciste, tan solo huiste- Más que contenta se regreso al castillo.
Ya casi era la hora del almuerzo y fue directo a la cocina, allí halló a la señora Gilberty trabajando afanosamente, entre cacerolas y sartenes.
-Señorita Marian ¿Qué hace aquí?- pregunto la anciana –Ya desea almorzar, en unos minutos tendré listo el almuerzo. Si lo desea puedo ofrecerle algún refrigerio-
Viendo en torno a la enorme cacerola que hervía sobre la lumbre pregunto -¿Acaso tenemos invitados? Me parece demasiado para nosotros tres- indicó Marian.
Nerviosamente la mujer dejo lo que estaba haciendo y se acercó a ella –No, es solo que decidí dejar algunas cosas listas para la noche, no se preocupe por ello– e insistentemente ofreció casi empujando a Marian para salir de la cocina –Valla al comedor, si desea algún refrigerio enseguida se lo llevaré-
Sonriente Marian salió en dirección al comedor –No, está bien, solo quería avisarle que tomaré uno de los caballos e iré a dar una vuelta por los alrededores del castillo, en una o dos horas estaré de vuelta-
-Bien, hace unos minutos envié a Philip a alimentar los caballos. El le puede indicar cual de todos es el mejor. Su tío Gerard solía comprar caballos muy ariscos y le encantaban los más salvajes, por lo que son muy pocos los utilizables- indicó la anciana esbozando una sonrisa.
Marian asintió, dio media vuelta y echó un último vistazo a la entreabierta puerta de la cocina, en ese momento la anciana entro nuevamente y cerró la puerta -¿Qué extraña reacción?- se dijo para si, luego se marcho en torno a la caballeriza.
Al llegar vio al joven Philip peleando con un potrillo bayo que intentaba bañar, el animal no dejaba de corcovear y casi lo llevaba a la rastra. Cuando pudo soltarse de las riendas noto a Marian que con una burlona sonrisa lo observaba. Con su orgullo herido y algunos raspones en las rodillas el joven se acerco preguntando –Mademoiselle ¿En qué puedo servirle?-
Sin poder contener su risa ella dijo entre carcajadas –Un caballo ¿Hay alguno que pueda utilizar?-
Acomodando su despeinada cabellera rubia, el joven asintió y la llevó junto a un potrillo joven, este era esbelto y completamente negro, a excepción de una mancha blanca sobre los ojos –Si. A este lo llamo Galum. No es lo que se llame amistoso, pero obedece a lo que las riendas le dicen ¿Esta segura que desea montar ahora? Si espera hasta mañana yo podría conseguirle un buen corcel que no le traiga problemas- recomendó el joven.
Viendo en torno al imponente animal indicó –No, esta bien, lo intentaré con este. Se lo ve fuerte y rápido, además si dices que obedece eso me vasta- Marian había sido la mejor en el equipo de equitación del colegió y estaba segura de poder controlar al rebelde animal.
-¿Esta segura?- insistió preocupadamente Philip –Sería una pena que la lastimase, podría tirarla…-
-Si- lo interrumpió tajantemente -ensíllalo- ordeno mientras encendía su enésimo cigarrillo del día.
Philip se encogió de hombros y desaprobando con la cabeza fue en busca de los elementos. Cuando el caballo estuvo listo entregó la fusta a Marian –Tenga Mademoiselle, aunque le recomiendo…- comenzó a decir, pero ella no lo dejó terminar su frase, temiéndose que él joven comenzase nuevamente a relatar alguna de sus historias de fantasmas y demonios que poblaban el bosque, azoto con fuerza al caballo y salió al rápido galope. Obligando al animal a saltar la cerca del corral.
Muy sorprendido Philip rió y culmino su frase -…que no lo azote demasiado o se enfadara y podría tirarla o correr sin sentido, haciéndola perderse-
Al llegar al portón ella azotó aun con más fuerza al animal para que se apresurase a cruzar el puente levadizo y lo guió en torno al bosque que se hallaba en la parte trasera del castillo, justo muy cerca de donde ella había hallado el pasadizo.
Mientras rodeaba la muralla ella observaba cuidadosamente para no pasar el lugar que deseaba investigar, cuando estaban llegando, tiró de las riendas con fuerza para detener a su corcel, pero este no lo hizo, nuevamente reiteró su maniobra pero el animal la ignoró. Casi con desesperación le aprisionó el torso para hacerlo girar y retornar al lugar pero el caballo volteo en dirección contraria y se interno en el bosque al rápido galope.
A la velocidad que iba lo único que Marian atino a hacer fue tomarse del cuello del animal y con una de sus manos apartar todas las ramas que pudo. Cuando el animal comenzó a cabalgar un poco más lento ella elevo su rostro para mirar en donde se encontraba, pero una rama baja la golpeo de lleno y cayó al suelo sin remedio, el golpe fue tan brusco que perdió la conciencia.

Más de dos horas habían transcurrido desde que Marian se había marchado con el rebelde corcel y un tanto preocupado Philip salió en su búsqueda.

Al despertar se encontró en medio del bosque, un poco aturdida y con un gran dolor de cabeza se incorporó lentamente, aun la cabeza le daba vuelas. Llevando la mano a su frente comprobó que tenía un sangrante raspón, de él brotaban algunas gotas de sangre.
Se puso de pie y hecho un vistazo a su alrededor. Metros más adelante, un pequeño estanque de aguas claras se ubicaba.
Lentamente camino hasta allí y lavo su herida, esta no era tan grave como ella la creía, a un lado el condenado animal bebía agua placenteramente. Marian le dirigió una furiosa mirada y se incorporó para tomarle las riendas, cuando de pronto recordó el sueño de la noche anterior y al ver a su alrededor murmuró –Deja vu- nunca había estado en ese lugar, sin embargo se veía exactamente igual que en su sueño, parecía imposible pero era real.
Entremezclado con el sonido de los pájaros oyó música, a lo lejos sonaba como un violín. La melodía era agradable, pero triste.
Casi hipnotizada por el sonido, rodeo el estanque y lo siguió por más de medio kilómetro. Cuando se detuvo podía oír con claridad la triste música pero no hallaba el lugar de partida, como si viniera de los árboles, extrañamente de todos ellos.
Al buscar en los alrededores, solo vio troncos de anchos robles y viejos nogales, hechizada por el sonido cerro sus ojos y disfruto por un largo instante, al abrirlos dirigió su mirada a la copa de un gran paraíso.
Allí estaba, el mismo hombre que en su primer día de visita al castillo la había ayudado. Parado de espaldas a ella, sobre una alta y gruesa rama, tocando su violín como si esa fuese su última obra.
La suave brisa le mecía el cabello desordenadamente.
La melodía se fue apaciguando y cuando finalmente cesó, el lentamente dejó caer sus manos y observó el cielo, luego volteo a ver a Marian por sobre su hombro, quien continuaba observándolo ensimismada.
El no pareció sorprendido, era como si supiera que ella estaba allí, oyendo su música o como si tal vez la estuviera esperando.
Esbozando una encantadora sonrisa murmuro por lo bajo –“Alainn”-
Marian permaneció con la mirada fija sobre aquella lánguida figura. La melodía la había dejado perpleja, jamás había oído sonido tan bello y triste a la vez, una solitaria e indiscreta lágrima recorrió su mejilla.
Bajando de un salto, el se acercó e hizo una reverencia, tomándole la mano que apenas rozó con sus labios, sin desviar su vista que permanecía fija en los ojos de ella.
Por mucho que Marian lo intento de su boca no salieron las palabras, solo un ahogado sollozo emergió de sus labios, antes de romper en llanto. La triste melodía la había conmovido, provocándole una extraña sensación de angustia que jamás había experimentado antes.
Lentamente el elevó su mano y le acaricio la mejilla, secándole las lagrimas -Ne pleurez pas, c'est pour toi que sone ma mélodie (no llores, si es por ti que mi melodía suena)- su voz sonaba sensualmente varonil.
Ella no comprendió lo que él decía, con tristeza lo vio fijamente a los ojos, los pálidos rayos del sol que se colaban entre los árboles, se reflejaban en ellos dándole un verde intenso. Similar al de una esmeralda.
Como si estuviera presa de un hechizo, ella adelanto su rostro en ese momento solo deseaba besar los finos y delicados labios de aquel bello hombre.
Suavemente él acercó su mano y con la yema de su dedo, recorrió el labio inferior de Marian, lentamente se inclino sobre su rostro. A milímetros de besarla murmuró algo y poso su mano en la frente de ella, justo sobre la herida, ella sintió ardor, su vista se nublo y cayó casi al instante desmayada.
Cuando recobró la conciencia se encontraba en su habitación, el fuego crepitaba suavemente en la chimenea. Bruscamente se incorporo en la cama, era indefectible que estaba en el castillo.
Rápidamente se levanto y salió de la habitación. Al llegar a las escaleras oyó voces alejadas. A toda prisa descendió hacía el vestíbulo.
La señora Gilberty acababa de cerrar la puerta de entrada, al verla exclamó -¡Señorita Marian! ¿Qué hace levantada?-
-¿Cómo llegue hasta aquí?- pregunto exaltada.
La mujer se acerco a ella recomendando con preocupación –Debe regresar a la cama, el doctor dijo que guardase reposo-
-¿El doctor? ¿Qué doctor?-
-Philip se preocupo al no verla regresar y fue a buscarla, el la encontró desmallada en el bosque. El golpe fue muy fuerte, como no reaccionaba llamamos al doctor Mac Claud-
Más que desconcertada pregunto -¿Qué dice? Caí del caballo pero estoy bien ¿Dónde esta él?-
-¿El doctor o Philip?- la vio con preocupación la anciana –Recién acaban de marcharse, en la mañana regresará. Pero por favor señorita, regrese a la cama- La anciana se acercó y tomándola de los brazos comenzó a guiarla a su recamara nuevamente.
-No entiende, esta usted equivocada, yo me caí pero no fue grabe, yo me levante y lo vi-
La mujer la interrumpió –Si la entiendo señorita. Pero lo mejor es que no se esfuerce, aun esta aturdida por el golpe -
-¡Pero, lo vi! ¡Juro que lo vi!- exclamó ella intentado hacer que la mujer la oyese, pero fue inútil.
En la mañana el doctor la vio nuevamente, un hombre canoso de edad media y gruesas gafas, sonriente dictamino –Parece esta bien. No hubo heridas ni magullones. Fue tan solo un gran golpe. Le recetare algunos analgésicos, para que tome en caso de Jaqueca. Pero no creo que los necesite. Es probable que a causa del golpe se sienta confundida por unos días. A propósito señorita Vangler ¿Cómo fue que cayó?-
-Perdí el control del caballo, Dime Philip- pregunto dirigiendo su mirada al joven -¿Cuándo me encontraste, estaba sola o había alguien más?-
-No mademoiselle solo estaba usted, la encontré pasando el estanque, allí fue donde cayó, Galum estaba a metros más adelante pastando-
-¿Pero tú viste mi caída?-
-A decir verdad no, yo la encontré inconsciente en el suelo- confesó el joven.
Ella asintió pensativa, estaba segura de que lo que vio no fue una alucinación, ni un sueño, al pasar su mano por la frente noto que el raspón ya no estaba, era imposible. Pero decidió guardar silencio, para no ser tomada por una tonta. Y no quería dar más crédito a la absurda historia del fantasma, dado que ni ella misma la creía.
Luego del almuerzo, Marian tomo el viejo diario que Angelines le había dejado y las anotaciones. Fue hacia la biblioteca y allí se concentro en tratar de traducirlo. Primero reviso las notas que le había dejado.
La primera explicación consistía en como leer y traducir la escritura celta, así como incluía algo de historia adicional:

Lenguas Celtas

Lenguas celtas, subfamilia perteneciente a la familia de lenguas indoeuropeas
Ésta a su vez se clasifica en otros dos grupos: el britónico, que comprende el bretón, el córnico y el galés; el otro grupo llamado goélico o gaélico comprende el irlandés, el gaélico-escocés o "erse" y el manés o manx, dialecto de la isla de Man.
Hasta el siglo V las lenguas continentales celtas, entre las que se encontraba el galo, se hablaron a lo largo y a lo ancho de la Europa occidental, pero cedieron ante la influencia de los otros idiomas vecinos de gran vigencia, el inglés y el francés, en los que se puede rastrear alguna información.
Lo característico de las lenguas celtas es la pérdida del fonema indoeuropeo /p/, lo que las distingue de las demás subfamilias indoeuropeas. Por tanto, una palabra latina, griega y sánscrita que contenga una p en posición inicial o media aparecerá sin ella en la subfamilia celta; por ejemplo la palabra latina porcus (que significa 'puerco', 'cerdo'), tiene su equivalente gaélico en orc. Un rasgo que distingue el gaélico del britónico consiste en que el primero conserva el elemento labiovelar del indoeuropeo /qu/, que más tarde se escribió como /c/, sin embargo el britónico lo convirtió en /p/. Así el irlandés cuig o coo-ig, (que significa 'cinco'), corresponde al galés pump.

Las reglas de pronunciación de las lenguas celtas son enormemente complejas; por lo general la escritura no se corresponde con la pronunciación y las consonantes iniciales varían según el fonema último de la palabra anterior. Por ejemplo, en irlandés 'sangre' es fuil, en tanto que 'nuestra sangre' es ar bhfuil; en galés 'padre' es tad, pero para decir 'mi padre' se convierte en fy nhad, y combinado con los posesivos de tercera persona, 'su padre (de él) y su padre (de ella)' se convierte en ei thad y y dad respectivamente.

Todas las lenguas celtas emplean el alfabeto romano. Poseen dos géneros, masculino y femenino, y por lo general el adjetivo va detrás del nombre. Como las demás indoeuropeas crean nombres derivados de los verbos en lugar de hacerlo de los participios de presente tal y como hace el inglés; las oraciones siempre tienen verbo y expresan la acción por medio de la pasiva impersonal.

-¡Que bien! Gracias Angelines, ¿Por qué no me dejaste los pergaminos del mar muerto? Creo que serían menos complejos que esto- protesto Marian, mientras tomaba un cigarrillo del paquete y lo encendía –Ni la piedra roseta podría ayudarme en este momento- murmuró con enfado mientras continuaba leyendo

Gales :

También llamado cámbrico y címbrico por sus propios hablantes, es la lengua de la región de Gales y una de las más conocidas dentro de la subfamilia celta. Además de hablarse en Gales, donde la mayoría de sus hablantes son también anglófonos, se emplea en algunas comunidades de los Estados Unidos y en Argentina, en la que en plena Patagonia se asentaron apenas 150 galeses en el año 1865. Algunas organizaciones como la Society for the Welsh Language han preservado este idioma para evitar su desaparición y mantienen toda una actividad para conseguir que tenga una consideración como lengua oficial junto al inglés. En la actualidad se usa en muchas escuelas de Gales y se emplea en la prensa y en algunas emisoras de radio...

…Lo mismo que el bretón, esta lengua ha perdido las desinencias de caso, no así las de conjugación verbal, que son muy ricas. Como en todas las demás lenguas celtas la inflexión o la alternancia de las consonantes juegan un papel muy importante. Posee una escritura fonémica, con lo que desaparece la ambigüedad fonética; en muchas ocasiones un hablante galés sabrá, a partir de su escritura, cómo se pronuncia una palabra que no haya visto antes. La letra w puede representar tanto una vocal como una consonante, y sin embargo la letra y siempre representa dos fonemas vocálicos. La consonante f representa un fonema labiodental fricativo sonoro como la v del catalán; su equivalente sordo, el fonema /f/, se representa por el dígrafo ff; el fonema interdental fricativo sordo /q/ se representa por dd y el sonido /th/ por la misma grafía. Ha fracasado el intento de pronunciar la grafía ll, que representa un fonema lateral fricativo sordo. El galés tiende a la acentuación grave de las palabras polisílabas y posee una entonación característica….

Reclinándose sobre el respaldo soltó una bocanada de humo en un suspiro. En ese momento la señora Gilberty toco a la puerta.
-Pase- indicó Marian.
La sonriente mujer entro cargando una bandeja con una humeante taza de café –Le he traído un café, supuse que después de tanto leer le agradaría beberlo-
-Se lo agradezco– opino indiferente, sin quitar la vista de las anotaciones.
Mientras le dejaba la taza a un lado la señora Gilberty la oyó murmurar –“Alainn”-
La expresión alegre de la mujer se transfiguro con una mezcla de asombro y terror -¿Qué ha dicho señorita?- exclamo azorada.
Sin levantar la vista repitió la palabra –“Alainn” ¿Usted sabe lo que significa? Hace rato que estoy buscando esa palabra sin encontrarla ¿No es francés verdad?-
-No- musito la mujer -¿Dónde la oyó?-
Al oír el titubeante tono de la señora Gilberty Marian la vio intrigada -¿Qué significa?-
-Nada- murmuro la mujer y volteo para marcharse –Olvídela, no significa nada-
Antes de que la mujer cerrase la puerta Marian la detuvo preguntando -¿Usted sabe hablar Celta o galo?-
-Muy poco, diría que casi nada- dijo la mujer y volteo devolviéndole una nerviosa sonrisa –Pero no creo que pueda ayudarla ¿Por qué lo pregunta? ¿Acaso usted también ha comenzado a investigar lo que su hermana dejó? Le recomiendo que olvide todo ese asunto, lo del fantasma es solo un viejo cuento, no hallara nada útil, es una pérdida de tiempo. Se lo dice alguien que ya lo intento- indicó la anciana y se acerco a ella. Posando su arrugada mano sobre el hombro de Marian, observo con pena el viejo diario que yacía casi escondido entre los papeles.
–¿Sabe? Mis padres fueron cuidadores de este viejo castillo por más de setenta años y yo me crié en este lugar. Como soy la mayor de mis tres hermanos, fui la única que se quedo aquí. Cuando era joven también fui presa del encanto de la historia y desperdicie muchos años en hallar la razón y desenmarañar el misterio.
Debo confesar que fue emocionante al principio, pero luego se convirtió en una obsesión que solo me trajo desgracia, sufrimiento y soledad. Hasta que conocí a mi fallecido esposo.
Hágame caso señorita, deje las cosas como están, se lo dije a su hermana y se lo repito a usted, por muchos años los diferentes dueños de este castillo lo intentaron y no lo consiguieron.
Si se mezcla con esa historia solo conseguirá despertar la maldición que la acompaña y esta podría cernirse sobre usted con el manto de la desgracia.
Fíjese en lo que le ocurrió a su tío Gerard, hasta que se involucro con todo ese asunto el era un hombre muy amable y simpático, luego se convirtió en un ermitaño adusto que falleció en soledad.
Se que esto le debe sonar como palabras sin sentido de una anciana solitaria y poco cuerda. Pero hágame caso, yo se lo que digo- luego se dio media vuelta para marcharse.
Marian la detuvo -¿Usted ha estado alguna vez en el ala este?-
Esbozando una triste sonrisa asintió –Si, pero allí no hay más que viejos trastos y tristes recuerdos del pasado tormentoso de muchas generaciones de dueños que fallecieron en soledad. Le recomiendo no entre en ese lugar- casi con un suspiro indicó- Ten cuidado con su hechizo “Alainn” “El pecado es grave y aun más profundo su dolor…”- murmuro y se marcho cerrando la puerta.
Marian quedo sorprendida con la revelación de la mujer, después de todo también creía en la fantasmagórica historia –Pobre anciana, murmuro- pero la señora Gilberty con sus palabras había abierto una caja de Pandora en la mente de Marian, ahora más que nunca deseaba descubrir el misterio.
Echando un vistazo a su alrededor observo las interminable hileras de libros dispuestos en los estantes que casi tocaban el alto techo de la biblioteca, allí en alguno de esos antiguos libros tenía que estar la explicación a aquella misteriosa palabra.

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